Lo que debe saber del polémico proyecto de reforma a la salud

A pesar de tener mensaje de urgencia del Gobierno y de que está radicado desde el primer día de la actual legislatura, el proyecto de reforma a la salud no avanza en el Congreso.

De hecho, el jefe de Cambio Radical, Germán Vargas Lleras, afirmó en su columna de EL TIEMPO que el Ministerio de Hacienda se le atravesó al proyecto, que es considerado clave por el Gobierno. Vargas Lleras incluso le sugirió al ministro de Salud, Fernando Ruiz, que considere su renuncia al gabinete por esta situación.

Entre los congresistas ponentes están, entre otros, Fabián Castillo y Carlos Motoa, de Cambio Radical; Laura Fortich y Juan Echavarría, del Partido Liberal; Honorio Henríquez y Jairo Cristancho, del Centro Democrático.

Hasta el momento se recibieron más de 300 proposiciones desde todos los sectores que quedaron consignadas en un informe y se tiene programada una reunión este martes con el ministro de Salud para discutir el futuro de la iniciativa.

Según el ministro Ruiz, en este proyecto de ley se han recogido sugerencias, anotaciones e intervenciones surgidas en audiencias de consulta en cada una de las instancias del sistema sanitario. Y además de componentes que tienen que ver con la gestión integral del riesgo en salud, la territorialización y la forma como se prestan los servicios; también se recogen los aprendizajes de la pandemia con el objeto de preparar al país bajo el concepto de una salubridad completa.

En un texto de 65 artículos distribuidos en 10 capítulos, que quedaron luego de una depuración previa exhaustiva, en la cual se eliminaron temas como el cambio de nombre de las EPS, límites de gastos para administradores del aseguramiento y elementos de saneamiento financiero, entre otros.

PUNTOS CLAVES

El proyecto aboga por una regionalización del sistema de salud fundada en interacciones comunes de tipo epidemiológico y demográfico que van más allá de las fronteras políticas administrativas.

Es decir, se plantea crear regiones de salud con aspectos comunes para garantizar promoción, prestaciones de servicios, aseguramiento y creación de redes específicas para cada territorio común.

Frente a las responsabilidades en la gestión del riesgo en salud, el proyecto establece que la Nación y las entidades territoriales se encargarán de las intervenciones colectivas; las Entidades Administradoras de Planes de Beneficios (EAPB), que pueden ser las mismas EPS, responderán por los riesgos individuales; las ARL de los laborales y los prestadores (IPS, clínicas y hospitales) asumirán en la práctica la promoción, la prevención, el diagnóstico, el tratamiento, la rehabilitación y la paliación de todas las enfermedades. Para esto, realizarán contratos con las entidades territoriales y las EAPB.

En este sentido, todas las entidades tendrán que dar a conocer los resultados de gestión del riesgo de manera obligatoria para la Superintendencia Nacional de Salud, que los vigilará.

Frente al modelo de atención en salud, la estrategia de atención primaria en salud se renovará con un enfoque de salud familiar y comunitaria y se prestará a través de redes integradas e integrales (conformadas por entidades públicas y privadas) que deberán constituirse. 

Bajo ese modelo, dice el proyecto, toda persona debe estar adscrita a un prestador primario que asignará un médico con enfoque de salud familiar y comunitaria altamente resolutivo, y en las zonas de baja densidad poblacional podrán desarrollarse modelos diferenciados que se ajusten a las necesidades.

Con respecto a la calidad, el proyecto dedica un capítulo específico en el que se define que el Gobierno tendrá que organizar un sistema de calidad en salud antes de un año y una política de protección integral a los usuarios, además de los estándares de habilitación y acreditación para todos los componentes del sistema.

En ese sentido, todos los actores deberán utilizar plataformas interoperables para garantizar el aseguramiento, definir flujos de recursos, niveles de prestación de servicios, auditorías y evaluación de la calidad. Dentro de ese marco se tornan obligatorias la historia clínica y la facturación electrónica, así como las auditorías en línea.

Como algo novedoso, el proyecto de ley plantea que el Ministerio de Salud podrá impulsar el desarrollo de tecnologías sanitarias (producción de vacunas, medicamentos e insumos) para lo cual se dispondrá del 5 por ciento de los recursos del Fondo de Investigación en Salud (FIS). Además, se permitiría la posibilidad de realizar alianzas con privados para este fin.

En este escenario, contemplado en el capítulo de seguridad sanitaria y de emergencia, también se faculta al Ministerio para declarar emergencias por riesgos epidemiológicos, desabastecimientos o eventos catastróficos y podrá de manera autónoma, en esas condiciones, comprar medicamentos e insumos que incluso se encuentren en desarrollo

Además, podrá emitir órdenes específicas a todos los actores del sistema en búsqueda del bienestar colectivo, para lo cual también podrá crear un fondo específico con recursos del presupuesto general de la Nación.

Con respecto a la salud pública, se deberán consolidar planes decenales específicos para cada región creados con indicadores puntuales de cumplimiento.

Y por el lado del aseguramiento se redefinen obligaciones para los aseguradores, se equiparan los valores de la Unidad de Pago por Capitación (UPC) para los regímenes contributivo y subsidiado en un periodo no mayor a dos años y en año y medio se tendrán que fijar las fuentes de financiación para las patologías de alto costo y de baja frecuencia, así como la definición absoluta de los servicios que se pagarán con cargo a la UPC, que a su vez tendrá un componente fijo y uno variable definido por incentivos de acuerdo con el rendimiento.

Para garantizar la continuidad de los servicios se plantea la creación del Fondo de Garantías en Salud para contrarrestar la insolvencia de las Entidades Administradoras de Planes de Beneficios (EAPB).

El proyecto, finalmente, también contempla nuevos mecanismos de pago y contratación y el fortalecimiento de una política a favor del talento humano en salud que prohíbe la tercerización y se promueve la formación de especialistas de acuerdo con las necesidades de los nuevos modelos de prestación.

La base mínima de cotización para pertenecer al régimen contributivo será un salario mínimo y se vigilará de manera exhaustiva a los conglomerados empresariales que tengan alguna actividad en el sistema.

HAY FUERTES CRÍTICAS DESDE VARIOS SECTORES

Juan Carlos Giraldo, director de la Asociación Colombiana de Hospitales y Clínicas (ACHC), dice que este proyecto no es una reforma sino un ajuste a mecanismos ya existentes y manifiesta que del texto actual se destacan la creación del fondo de garantías, la definición de los conglomerados empresariales en salud y un régimen de insolvencia, así como las competencias de la Superintendencia de Industria para ayudar a la Supersalud.

Por otra parte, afirma que el proyecto no cambia el papel de las EPS, no crea nuevas fuentes de financiación ni modifica los presupuestos, por lo que desde el gremio hospitalario insisten en que el sistema de salud requiere una reforma y no solo ajustes.

Gustavo Morales, presidente de Acemi, gremio de las EPS del contributivo, califica el proyecto como inoportuno, porque distrae a los actores en un momento clave de pandemia; innecesario, porque algunos puntos positivos del articulado, como el modelo de atención, no requieren de una ley; e inconveniente, porque la extensión de competencias a la Supersalud sobre inversionistas que no son actores del sistema conglomerados desincentiva la llegada de capitales al sector.

Carolina Corcho, vicepresidenta de la Federación Médica Colombiana, sostiene que este proyecto desde su origen tiene vicios de trámite ya evidenciados en las audiencias y además aspectos que atentan contra la Constitución al abrir un boquete para la privatización de los recursos de la salud, legalmente públicos.

Igualmente, asegura que el proyecto no resuelve nada de los problemas de salud y retoma elementos de otras leyes que solo bastarían reglamentarse. Corcho considera grave que se incluya un capítulo que toma decisiones de la emergencia sanitaria y las vuelve permanentes, violando el principio de unidad de materia, e incluso le da funciones de policía al Ministerio de Salud respecto al tema de confinamientos y cuarentenas, lo que atentaría contra las libertades ciudadanas. En síntesis, considera que es un entuerto que debe archivarse.

Julio Castellanos, director del Hospital San Ignacio, afirma que este nuevo proyecto se suma a otros que han intentado modificar la Ley 100, lo que se traduce en mayor confusión para un sistema que necesita una reforma de fondo y no una lista de artículos parciales o totalmente modificados de la ley original

Considera que las regiones deberían pedir a las autoridades retirar de sus jurisdicciones aseguradoras que no tengan redes adecuadas y enfatiza en la necesidad de reglamentar las juntas médicas como el ente máximo para resolver discrepancias terapéuticas.

Denis Silva, vocero de Pacientes Colombia, también califica este proyecto como innecesario, pues, a su juicio, no cumple con la Ley Estatutaria ni con las sentencias C-313 y no resuelve los problemas de salud del país.

Carlos Dáguer, director del Comité de Aseguramiento en Salud de la Andi, valora que la iniciativa parlamentaria reconozca los avances de la salud derivados del modelo de aseguramiento y considera que con la figura del médico familiar será posible mejorar la prevención.

Sin embargo, en los contras, señala que “no es conveniente la creación de un fondo de garantías financiado por las propias EPS. Los recursos del sector son limitados. Esa figura no solo generaría un oneroso gasto adicional, sino que castigaría a aquellas empresas que honran sus compromisos y cumplen con los requisitos financieros”.

Fuente: Portafolio